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Mundo Rural

4 Mayo 2010

Las puertas de los Pirineos: el Reino de los Mallos

Una zona un tanto desconocida, una región olvidada. A medio camino entre la hoya de Huesca y los picos más altos de los Pirineos nos encontramos con un paraje diferente, de extraña geografía. Unas tierras sobrevoladas por buitres donde el agua se nos presenta como descendiente de los glaciares en los que nace el río Gállego.

En esta comarca, conocida en su conjunto como El Reino de los Mallos, nos podemos dejar impresionar por el entorno. Los llamados mallos, grandes peñas que se levantan imponentes en la geografía, nos dejan una imagen que no se olvida. Los más importantes, los Mallos de Riglos y los de Agüero, tan iguales y diferentes entre sí, nos incitan a iniciar un ascenso, no sin riesgos, que nos brindará unas vistas que pocas veces podremos disfrutar.

En esta tierra, frontera durante siglos de los reinos de Al Andalus y los territorios cristianos, nos dejan impresionante muestras de la historia, caso del Castillo de Loarre. El cual, al igual que los mallos, cuida desde la altura las espaldas del pueblo que le da nombre.

Frente a este, en Ayerbe, aunque en mucho peor estado de conservación (está planificada su rehabilitación) nos encontramos el castillo árabe que vigilaba a los cristianos de Loarre, o viceversa. No resulta difícil imaginarse en otra época… en una tierra llena de leyendas e historias.

Pero, ¿qué nos ofrece la región?

Todo tipo de actividades al aire libre, podemos disfrutar de la escalada, pues aquí se encuentra una de las más importantes escuelas. De hecho, en Riglos nos encontramos con un albergue de montaña (de pago) prácticamente nuevo con un pequeño rocódromo en el sótano. El descenso del río, finalizando el mismo en Murillo de Gállego, también es una alternativa más que interesante.

El senderismo nos ofrece una infinidad impresionante de opciones, cada ruta nos ofrece sus particularidades derivadas del terreno, pequeñas ermitas en mitad de camino, buitres sobrevolando nuestras cabezas,… Además, podemos seguir las vías que nos llevarán de un pueblo a otro.

Por otro lado, podemos disfrutar de su vino, charlar con sus gentes… Una experiencia que no se olvida se da cuando tras un duro día de ruta para llegar de un pueblo al siguiente, al llegar, mientras se hace un poco “el guiri” por sus calles y plazas, surge una conversación con alguien del lugar, quien además de contarte historias que te dejan con la boca abierta, te invita a unas copas del vino del terreno… algo difícil de describir pero realmente grato.

Hablamos de una comarca que desde Mundo Rural recomendamos encarecidamente su visita, quien no la conozca descubrirá una región a la que se enganchará, siempre querrá volver a visitarla, y quién ya la haya visitado, reconocerá lo escaso de este texto para describirla, por eso, volveremos a hablar de esta comarca en próximos posts, para dar información más específica, datos de contacto,… y “¡Larga Vida al Río Gállego y a los Mallos!”

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